
Más del 90% del tejido empresarial está compuesto por las pequeñas y medianas empresas, las mismas que soportan el 75% del empleo de nuestro país. El mayor activo de una pyme son sus trabajadores y, en este campo, su mayor reto es la empleabilidad de estos activos.
El concepto de empleabilidad se refiere a la capacidad de una persona de acceder a un puesto de trabajo, mantenerse en él o reorientarse profesionalmente. En este contexto, España es unos de los países con mayor desequilibrio entre la formación de los trabajadores y las competencias que verdaderamente necesitan las empresas.
Y es precisamente aquí donde surge el problema. Las tendencias globales del mercado del trabajo van hacia un entorno digital. En la actualidad tres de cada diez trabajadores ocupan puestos relacionados con las tecnologías -según la Asociación Española de la Economía Digital-, competencias específicas que requieren las empresas y que son las que provocan este desajuste entre oferta y demanda.
Esta realidad, que se puede aplicar a todas las empresas, se agudiza en el caso de las pymes. Por su estructura necesitan no solo los conocimientos teóricos, sino personas capaz de adaptarse profesionalmente a las necesidades del negocio.
El objetivo de la pyme, para salvar este desajuste, está orientado a la formación de los trabajadores, sobre todo en conocimientos digitales, para contar con el talento que demanda su negocio.


